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Nuevos sujetos sociales

Por Eduardo Pavlovsky
* Médico psicoanalista. Actor, director y autor de obras teatrales como El patio de atrás y El señor Galíndez, entre otras.

El Dr. Bacqué (ex ministro de la Corte Suprema) manifestó en estos días que comprendía la protesta de los “cacerolazos” pero que éstos funcionaban por “fuera” del orden republicano. El Dr. Alfonsín criticó las movilizaciones de los ahorristas y a los que participan en los escraches. Definió a las asambleas populares como caóticas. Sugirió a diferentes sectores sociales a “autolimitarse” en los reclamos y mostró su enojo con los escraches que realizan los asambleístas.

“Aquí no se puede tolerar la sedición” (Página/12), como un intento del ex presidente de reclamar por el orden. Son palabras de reconocidas figuras de larga trayectoria en lo jurídico y en lo político. Las asambleas barriales –son el emblema– de la alteración de ese orden que defienden Bacqué y Alfonsín.

Pero conviene tener en cuenta que lo que se está cuestionando no es el orden –sino un tipo de orden–, una supra estructura jurídica-políticoideológica que hoy está en profunda crisis de representatividad. Ellos están caóticos. La justicia y los políticos. Están en crisis terminal. Es lo difícil de asimilar.

Si los “cacerolazos” y los piqueteros en las rutas y los ahorristas en los bancos expresan sólo la protesta genuina frente a este tipo de orden, las asambleas barriales son el intento, a través de la directa participación ciudadana, de crear un nuevo tipo de orden, un nuevo tipo de sujeto social que asoma como producción inédita en nuestro país.

Se califica de desorden todos aquellos “nuevos órdenes” que emergen como nuevos sujetos sociales. Las asambleas barriales son el emblema de este nuevo tipo de sujeto social que emerge como una nueva forma de organización. Profundamente democrática y con ideas. No es imposibleimaginar que una nueva generación política se esté gestando en todo el país. Hay voces que se expresan en esas asambleas que traslucen ideas políticas a veces mucho más inteligentes que las ya tan conocidas, por lo repetitivas, de nuestros representantes políticos (y periodistas especializados) a quienes uno puede anticipar antes de que abran la boca. Hay ideas nuevas. Nuevas propuestas. Nuevos órdenes. Nuevos sujetos sociales en gestación.

Insisto que lo que se ataca no es el orden. Sino ese tipo de orden ya carente de representatividad ciudadana. Aquí no hay vuelta atrás. Son tiempos difíciles. Como cuando el líder de MST brasileño le dijo a Lula: “Los votamos a ustedes, pero el tiempo de ustedes es el electoral y el tiempo nuestro es el de la toma de los latifundios”. Hoy no sé si los votaría. Cuando se altera el orden establecido de las democracias parlamentarias latinoamericanas que han sabido producir la mayor desigualdad social del mundo (más que Africa, Asia, Oceanía), surge siempre la palabra caos, como intento de preservar el orden dominante. Surgen los demócratas de “siempre”. Los patrones de las democracias. No sería ingenuo pensar que las asambleas barriales que recorren todo el país estén expresando la vanguardia de un movimiento civil incipiente de resistencia al tipo de orden democrático que ha dejado siempre excluida a gran parte de la ciudadanía. Fenómeno social que ya se interiorizó como obvio. Las “asambleas” intentan romper esa obviedad. Puede haber un tiempo electoralista pero la organización política que se está gestando en las asambleas populares está por fuera del tiempo electoral. Está en el singular tiempo de crear nuevas subjetividades. Nuevas formas “de organización política”. Es una línea de fuga que funda otro territorio existencial. Desterritorializa el escenario político habitual.

Por eso digo: las asambleas populares son el “emblema” de un cambio social que se está gestando. Lo que está en crisis terminal es el sistema de representatividad política en el país. Nadie lo duda ya. Las asambleas son el intento de superar lo “moribundo” que no termina de morir nunca. La tristeza del viejo sistema por la alegría y la fuerza solidaria de las asambleas y su futuro posible. Como todo devenir revolucionario (que no es la revolución) no es un fenómeno cuantitativo, sus características se nutren de la intensidad del acontecimiento. Una modificación en “la cabeza de la gente”. No se mide por el número de asambleístas que concurren. Es un “cambio de naturaleza”.
Y por eso no hay vuelta atrás. Cuando el pueblo recupera la voz ya no la pierde nunca más. Aunque descanse a veces para reponer nuevas fuerzas a inventar.