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¿Tiene algo por decir Trabajo Social acerca del 24 de marzo de 1976?

Panel sobre el 24 de marzo de 1976
Facultad de Trabajo Social, Paraná, Entre Ríos, Argentina

Por Profesora Susana Cazzaniga

Cuando hace casi 15 días, los compañeros del Centro de Estudiantes de la Facultad me convocaron a participar de este panel, convenimos que mi exposición giraría en torno a la relación de Trabajo Social con los derechos humanos, las consecuencias de la dictadura en la profesión, las diferentes alternativas que se fue dando, la situación hoy, todo esto no sólo visto desde la realidad argentina, sino haciéndolo extensivo a otros países, en especial a los del Cono Sur, en el marco de una fecha emblemática, que nos impone un nuevo repudio, y van 25, al golpe de estado de 1976.

Los acontecimientos vividos en estos últimos días exigen que, sin variar el eje central, se incorpore esta coyuntura, ya que somos nuevamente "golpeados", nuevamente usando como medio el poder y el aparato estatal, se vulneran los derechos humanos, se deja a las mayorías sin respaldos, ni resguardos, librados a su suerte, que de alguna manera reinstala, desde otros lugares la política del exterminio, de la eliminación de un excedente, excedente, por otra parte producido por estas mismas políticas. Es necesario aclarar que el contexto es otro, no son todos los mismos actores que hace 25 años, aunque los sectores de beneficiados, los privilegios que se amparan con estas medidas -vendidas como las únicas que salvarán al país- son los mismos. Reiteraciones que hicieron, y hacen para muchos de nosotros revivir las incertidumbres y angustias de aquellos días atroces.
Por lo tanto: dos momentos históricos, una misma profesión que trata de responder con compromiso a los desafíos de la realidad.

Me parece interesante recuperar un poco de historia, realizar a grandes trazos el proceso de configuración profesional para articularla a esos momentos señalados.
Trabajo Social surge como profesión de la mano de las intervenciones sociales, que desde el poder intentan morigerar, atenuar el conflicto social producto de la sobreexplotación a que se ven sometidos los trabajadores por el proceso de industrialización (fines de siglo XIX, principios del XX).
Es necesario reconocer esa partida de nacimiento (por cierto no es la única profesión que lleva el mismo pecado original, a decir de una antropóloga), para poder dar cuenta de las contradicciones que de partida nos atraviesan y los fuertes procesos de resignificación, que por lo menos como tendencia, desde siempre ha intentado realizar la profesión. Esta misma relación ambigua, por un lado un mandato social de disciplinamiento y control social, y por otro el conocimiento directo de las condiciones de vida de los sectores populares, se vio desde el vamos interpelada, demandando definiciones a los profesionales.
Si bien las respuestas en los primeros años del ejercicio estuvieron atravesadas por los contextos liberales, aparece su presencia en posturas de defensa de ciertos derechos, a partir de la participación de muchos trabajadores sociales en la redacción de anteproyectos de leyes de protección (a trabajadores, a mujeres, a niños). Podemos adjetivar esta actividad como reformista, ya que no escapa del todo al mandato, pero necios seríamos si no viéramos en la misma un posicionamiento respecto de los derechos. Cabe aclarar que no fue una incorporación completa del colectivo profesional, y que muchos profesionales acataron el discurso moralizador sin mayores cuestionamientos, cumpliendo con el objetivo de vigilar y castigar.

Es a mediados de la década de los 60, y especialmente en los países del Cono Sur (Argentina, Chile, Uruguay y Brasil), que aparece la fuerte ruptura con el modo hegemónico de ver la profesión. No es casual la época, momento de gran movilización de distintos sectores de la sociedad: trabajadores, agrupaciones políticas, organizaciones sociales, intelectuales, estudiantes, religiosas, momento de luchas de liberación de los pueblos. Una vez más, la realidad nos interpela y nos exige respuestas, y también como tendencia, trabajo social la da: el movimiento de reconceptualización sacude las bases mismas de la profesión, que la recoloca al lado del pueblo.

Tanto la escuela de Servicio Social de Santa Fe, como la entonces escuela de Paraná, participan activamente en este movimiento que no se restringe a la profesión en sí misma, sino que se extiende a la decidida incorporación de alumnos, docentes y graduados a las organizaciones políticas y a organizaciones político - militares. Las discusiones en las aulas rondaban en torno a la viabilidad de la profesión ejercida desde el estado o las instituciones públicas, entendiendo que desde allí, sólo se reforzaba el sistema de opresión, otras posturas consideraban la posibilidad de seguir trabajando desde las mismas, pero con una clara opción por los sectores dominados. Todo el Cono Sur, en forma articulada por congresos, encuentros y publicaciones mantenía, con escasas diferencias, los mismos debates.
Las dictaduras que se fueron sucediendo en estos países truncaron esta experiencia, generando, un retroceso a las formas más conservadoras de entender la profesión, y silenciando con la metodología del exterminio y eliminación a numerosos colegas, estudiantes, docentes. La recuperación que hasta ahora tenemos de compañeros del trabajo social muertos y desaparecidos en nuestro país, llegan a 60, otra gran cantidad ha sufrido cárceles y exilios (externos e internos). Un alto precio pagamos por creer que es posible una sociedad justa, con el pleno ejercicio de los derechos humanos, y justamente por ese alto precio, los sobrevivientes vamos redoblando constantemente nuestro compromiso con la memoria, y la continuación de la lucha por los derechos humanos.

En nuestro país, en ese período, las carreras de trabajo social fueron literalmente vaciadas. Muchas escuelas son dirigidas por profesionales ajenos a la especificidad (se da el caso de Santa Fe, dirigida por una profesora de biología), otras son cerradas (la de Rosario y Luján), las bibliotecas devastadas, los legajos de docentes y estudiantes sospechosos de "subversivos" destruidos. En el ámbito laboral las cesantías masivas recluyeron a muchos colegas, debiendo ganarse el sustento desde emprendimientos "caseros" (para darle un nombre).
Me interesa aclarar que en pleno proceso también se dieron posturas diferentes dentro del trabajo social: por ejemplo, una asistente social acompaña a Videla a su viaje a Tucumán, apenas iniciado el régimen dictatorial, paralelamente muchos colegas eran torturados, desaparecidos, perseguidos, masacrados. También podemos rcuperar la historia de los colegas chilenos, que en plena dictadura pinochestista, y desafiando el terror fueron capaces de organizarse acompañados por la iglesia católica en muchos casos, y trabajar con las víctimas de la represión, brindando contención, salida del país, pequeñas actividades de sobrevivencia: es lo que ellos mismos dieron en llamar el Colectivo de Trabajo Social.

La democracia nos permite volver en forma plena al trabajo social. La experiencia vivida exige esfuerzos para recomponer un campo devastado, y no es menor el proceso subjetivo de cada uno, en particular de los que no pudimos públicamente "escribir" la historia durante casi siete años. Esta apertura nos vuelve a poner en sintonía con las necesidades de las mayorías, intentando nuevas lecturas, aprendiendo a comprender una realidad muy diferente, pero recuperando los principios fundamentales que hacen a la dignidad, a los derechos, la lucha por la inclusión, en nuevos escenarios de exclusión.
Los que optamos por el ámbito académico, además vivimos la despriorización de la educación pública, lugar que consideramos privilegiado para el ejercicio del pensamiento crítico, espacio que otros momentos permitió, junto con el sistema educativo en general, la movilidad ascendente en nuestro país, los premios Nobel, el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Las medidas anunciadas dan cuenta de mayor exclusión, llevan a procesos de desenganche de las personas de lo que pueden ser sus referencias sociales: trabajo, escuela, sindicatos, universidad, entre otros. La desesperanza se extiende y las salidas individuales van desde el pasaporte y Ezeiza, al acomodo oportunista (el tan mentado si no lo ocupo yo lo ocupa otro), hasta el robo y la violencia callejera inorgánica (los tiros de pobres a otros pobres).
Creo que este panorama merece reflexiones profundas, que nos atañen tanto como trabajadores sociales como ciudadanos. La tendencia a fragmentar, a recortar los análisis al hoy nos obstaculiza recuperar que este momento tiene una historia, que si intentamos fechar un comienzo nos remontaríamos a nuestra propia configuración como sociedad argentina y latinoamericana. Han sido demasiados los momentos de sojuzgamiento de nuestros pueblos que la historia oficial no recupera o lo hace a la manera de los vencedores, pero me parece pertinente aquí recuperar la consideración de Walter Benjamin: detrás de cada monumento de la civilización hay un monumento de barbarie.

Sin olvidarnos de toda esa historia, hoy nos convoca el repudio a un hecho aberrante, en un contexto de violencia de las que pocas veces se habla, me refiero a la violencia de la exclusión, del desprecio por la vida manifestado por los que detentan el poder, y lo estamos haciendo en un ámbito académico, también despreciado y depreciado.
Es por esto que tomo el texto de Adorno "La educación después de Auschwitz", que recientemente José Pablo Feinmann recupera en la contratapa del diario Página 12, reconvirtiendo el título como "La educación después de la ESMA", que en uno de sus párrafos dice "...la exigencia de que la ESMA no se repita es la primera de todas en educación. Es decir, si para algo deberán existir las escuelas de nuestro país será para explicitar ese horror y explicitándolo, llevándolo a la luz de la razón crítica, impedir su retorno. No se puede perder más tiempo. El transcurrir del tiempo juega a favor del olvido y el olvido es una de las razones de la repetitibilidad del horror."

Más adelante señala "..lo que puede llamarse asentimiento fue primeramente interés egoísta: defender el derecho propio antes que nada y, para no correr riesgos, cerrar la boca. Es ésta la ley general en relación con el orden establecido."

Desde estas palabras conmovedoras, creo importante decir: NO OLVIDAR, Y DECIR NO A LO QUE ESTAMOS VIVIENDO.

Paraná, 19 de marzo de 2001.