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La Antropología Forense ayudó a descubrir la verdad

Por Enrique Sdrech
Periodista argentino

Buenos Aires, 22 de marzo (por Enrique Sdrech para ANC-Utpba).-

La Antropología Forense es un campo multidisciplinario donde se conjugan los conocimientos de la antropología física, arqueológica y medicina aplicados a problemas médico-legales. Al mismo tiempo cuenta con el auxilio de disciplinas como la odontología forense, la radiología forense y la antropología social.
Su objeto de estudio son los restos óseos humanos y su propósito es la recuperación arqueológica de los mismos y de la evidencia asociada a ellos (como vestimenta, efectos personales, contexto de inhumación, etc) el análisis del esqueleto para tratar de identificar a la persona y determinar la causa de su muerte.

En América latina el primer país donde la Antropología Forense se comenzó a aplicar en forma intensiva fue la Argentina. A partir de 1984 y con el Advenimiento de la democracia comienza a investigarse el destino de las casi 20.000 personas desaparecidas entre 1976 y 1983. Por toda la valiosa evidencia recogida por la CONADEP, los organismos de Derechos Humanos y por un sector de la Justicia, empieza a conocerse el destino de miles de personas.
Se recurrió, para ello, al Equipo Argentino de Antropología Forense, una institución no gubernamental, independiente y sin fines de lucro, integrada en forma interdisciplinaria por médicos, antropólogos, arqueólogos, abogados y expertos en informática.

¿Por qué esta referencia hoy, en marzo de 2001, cuando la Utpba se dispone a recordar al centenar de periodistas desaparecidos durante el negro período -entre 1976 y 1983- cuando en medio del accionar de los Grupos de Tareas impulsados por la dictadura militar se secuestraba y se asesinaba diariamente?
Porque fueron los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense los que una mañana de mediados del año 1984 se llegaron hasta el viejo galpón del Cementerio de Avellaneda –donde durante un tiempo había funcionado la morgue- y con la anuencia de la Cámara federal porteña iniciaron una paciente y prolija investigación, comenzando una excavación que tenía como destino hallar los restos del periodista Rafael Perrotta, secuestrado en la mañana del 13 de junio de 1977, en pleno barrio de la recoleta, donde vivía.

"Por comentarios confidenciales teníamos la certeza de que en ese lugar del Cementerio de Avellaneda se encontraban sepultados los restos no sólo de Rafael Perrotta, sino los de Haroldo Conti", comentó en su momento el licenciado Alejandro Inchaurregui, que encabeza el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Se llevaron una sorpresa. Una amarga sorpresa. En un sitio conocido como "sector 143" comenzaron su penosa labor y comprobaron, con asombro, que no se trataba de una sepultura clandestina individual donde fueron apareciendo, primero, once esqueletos, cuyas edades oscilaban entre los 20 y los 45 años. Había hombres y mujeres y un común denominador: todos mostraban impactos de bala.

"Frente a ese hallazgo nosotros recomendamos a la Cámara Federal llevar a cabo un trabajo de rigor científico, ya que entendíamos se imponía allí un relevamiento completo, un trabajo con rigor científico. Teníamos la certeza de que bajo ese pequeño recuadro de sólo 10 metros por 24, cubierto de yuyos, se escondía algo siniestro, de magnitud", comentó el licenciado Alejandro Inchaurregui.

Y no se equivocó. El permiso definitivo fue otorgado por el entonces juez penal de La Plata Angel Nelky Martínez. La idea, en principio, era que independientemente de los restos óseos de Perrotta y de Conti, podían encontrarse allí los de otros periodistas, como el de María Teresa Cerviño, una muchacha tucumana que estudiaba Ciencias de la Comunicación en La Plata, cuyo cuerpo apareció un día de 1977 colgado en un puente de Lomas de Zamora.
Tenía la cabeza cubierta con una bolsa y un cartel en el pecho que dcía: "Seguime, soy montonera". Cuando se hizo la denuncia llegó primero un grupo de hombres armados con Itakas que se entretuvieron disparando al cuerpo sin vida, explicando que lo hacían "por las dudas que tuviera explosivos entre sus ropas".

Al mes y medio de labor habían sido exhumados 365 esqueletos enteros, todos con impacto de bala, la mayoría en la nuca. Hasta hoy fueron identificados tan sólo una decena. Es un trabajo ímprobo, titánico. Se deben cotejar causas judiciales, recortes periodísticos y testimonios de familiares de desaparecidos.
Pero el dato ilustra con toda elocuencia sobre el horror y el terror que imperó en nuestro país durante el tenebroso período de la dictadura militar.

"Decidí que, de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor es el que más me convenía", escribió Rodolfo Walsh, en un texto autobiográfico de 1964.
"En eso estaba, cuando un Grupo de Tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada lo asesinó el 25 de marzo de 1977. Tenía 50 años", escribió Rogelio García Lupo en una de las recordaciones a Walsh, quien con su pluma dio testimonio de la historia negra de la Argentina. Vale la pena recordar que Rodolfo Walsh fue secuestrado y asesinado un día después de difundir la carta abierta sobre el accionar de los militares que habían asesinado a su hija Vicky por el delito de pensar.

Luis Guagnini, Héctor Oesterheld, Marcelo Gelman, Enrique Raab, Helado Marucco, Edgardo Sajón, Ignacio Iconicoff, María Bedoyan, Héctor Demarchi, son sólo algunos del más de centenar de compañeros periodistas desaparecidos. Cabe recordar que los escuadrones de la muerte creados por López Rega, precursores de los "Grupos de Tareas" de la dictadura militar, habían asesinado en febrero del ´74 al fotógrafo Julio César Fumarola -dirigente de la entonces Asociación de Periodistas-, cuyo cuerpo, con 60 perforaciones de bala, apareció en los bosques de Ezeiza, muy cerca de las piletas populares, predio del Ministerio de Bienestar Social. En setiembre del mismo año y casi en el mismo lugar que Fumarola, apareció acribillado a balazos el cuerpo de Silvio Frondizi, que al igual que Fumarola había sido secuestrado horas antes.

Nos parece que como cierre de esta nota, nada mejor que recordar una frase de Hernán Invernizzi, quien expresó en junio del ´86, al recordar el Día del Periodista: "A pesar de los serios problemas laborales hemos reclamado por nuestros colegas sin perder el entusiasmo que de ellos aprendimos y que ellos todavía nos alientan" (ANC-Utpba).