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Cuba, la isla revolucionaria, entre el amor y el odio

Por Adolfo Perez Esquivel
Premio Nobel de la Paz

Desde el triunfo de la revolución (1959) hasta la fecha, Cuba se ha transformado para Estados Unidos en una espina punzante, y una desaforada intolerancia motiva a los gobiernos de la gran potencia a utilizar todas las medidas a su alcance para destruir el proceso revolucionario, sin lograrlo. Así lo hizo con otras experiencias revolucionarias en el continente, como sucedió con la revolución sandinista.

Las medidas utilizadas contra Cuba no cejan y recorren todos los elementos de las guerras sucias, a la vez que se transforman, de hecho, en violaciones permanentes a los derechos humanos de todo un pueblo. Van desde la agresión militar, como el fallido intento en Playa Girón, hasta el bloqueo económico, el aislamiento, la exclusión del sistema interamericano, las sanciones a quienes comercian con la isla y las campañas en las que utilizan a aliados y gobiernos obsecuentes y débiles para buscar la condena de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, Suiza.

El odio visceral de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos contra Cuba tiene a su vez una expresión marcada por el mismo signo en la comunidad cubana de Miami, que significa votos para los candidatos presidenciales, así como en sectores políticos fundamentalistas que llaman "enemigos" a los que no piensan como ellos o no les obedecen a pie juntillas. Todos ellos hablan de democracia cuando violan sus principios esenciales y hacen silencio frente a una agresión que se proyecta al medioevo. El ejemplo más reciente fue el caso del niño cubano Elián González, quien sobrevivió a un naufragio cuando su madre lo llevaba hacia Miami. La actuación de la comunidad cubana allí fue patética y el secuestro del niño se prolongó por meses, a lo que se añadieron los intentos de extorsionar al padre, todo hecho públicamente. Ahí se jugaron los intereses de aquellos que le ponen precio a todo, menos a los valores.

Ahora estamos viendo públicamente que lo que un hombre humilde pudo resistir, como es el chantaje, no lo puede resistir un gobierno como el de Argentina, que adoptó en estas circunstancias del manejo sucio del voto contra Cuba un pensamiento ajeno y no pudo expresar un pensamiento propio. Cayó en el mismo mecanismo de hipocresía política que algunos subordinados que se condicionan a la política estadunidense para obtener un blindaje económico, que nos aplastará aún más. De este modo repite la triste experiencia de quien fuera presidente de Ecuador, Jamil Mahuad. Hay quienes se venden en la oferta y la demanda y para esos sectores, dominados por el odio o el sometimiento, los valores de dignidad y solidaridad entre los pueblos no existen.

Aunque el gobierno y el pueblo cubanos esperaban ese golpe de Estados Unidos, acompañado por gobiernos como los de Argentina y Uruguay, entre otros, no deja de ser una acción cobarde y mezquina. Alegan que en Cuba se violan los derechos humanos, como si no tuvieran noticia alguna de lo que está pasando en América Latina, en nuestros propios países.

La actitud oficial argentina de votar contra Cuba produjo aquí una enorme reacción, un marcado repudio, incluyendo desde sectores populares amplios hasta el propio partido gobernante.

El gobierno argentino actuó con cobardía, no tuvo el coraje de recibir debidamente al embajador cubano aquí, a pesar de las reiteradas solicitudes a la cancillería, y el voto estuvo preparado para la foto y la sonrisa de George W. Bush y el presidente Fernando de la Rúa, mientras éste visitaba Washington.

Por supuesto que olvidan en estos pases de obsecuencia la solidaridad de Cuba con otros países en cada momento difícil. Baste recordar los médicos, los estudiantes recibidos en ese país pequeño y digno, cuando se cierran universidades para los pueblos en toda la región, y qué no decir del enorme aporte cultural que hizo la revolución y su generosidad en estos aspectos. Los derechos humanos no tienen fronteras, hacen a la vida misma de la persona y los pueblos. Cuba lucha por superar las dificultades y lo hace desde su propia realidad y necesidades, a pesar de la agresión y el bloqueo que le impone la gran potencia del norte. Defiende Cuba el derecho a la autodeterminación, a la libertad de decidir sobre la clase de sociedad que se quiere construir: un país socialista en este caso. Y tienen todo el derecho a hacerlo sin imposiciones de terceros y sin bloqueos que nada tienen que envidiar a la Edad Media.

Es triste la decisión claudicante de nuestro gobierno, porque a su vez viola la voluntad popular que se expresó en octubre de 1999, en base a un programa que fue lo que este pueblo votó, como anteriormente se violentaron todas las promesas y compromisos asumidos. Este gobierno no tiene ni decisiones ni pensamiento propio y nosotros debemos señalarle que hay cosas que no tienen precio, que no se compran ni se venden: la dignidad y la libertad.

El brasileño Paulo Freire decía que "lo contrario del amor no es lo que muchas veces se piensa, el odio, sino el miedo a amar, que es el miedo a ser libres".

Premio Nobel de la Paz