Logo de Margen   Periódico de Trabajo Social y Ciencias Sociales
Edición electrónica

Autopistas sí, niños no

Por Osvaldo Agustín Marcón
Publicado en: diario El Litoral

Si bien es cierto que la disponibilidad de recursos económicos fluctúa según las circunstancias también es cierto que tales recursos son económicos porque, precisamente, uno de sus caracteres es la escasez. Siempre que son económicos son escasos. Si abundan no son económicos: el aire abunda, en consecuencia no es un recurso económico.

Esta característica de los recursos económicos determina tanto el orden privado como el público con un impacto directo sobre la satisfacción de necesidades pues es usual que éstas superen lo disponible para hacerles frente por lo que adquieren relevancia las decisiones que se toman al respecto.

Esto tiene sus particularidades cuando se trata del orden público: los gobiernos democráticos deben establecer prioridades, explícita o implícitamente, asignando recursos a unas demandas y postergando otras. Pero ellos no toman tales decisiones sin efectuar cálculos de poder basándose muchas de las veces en encuestas de opinión, otras en porcentajes de votos y cada vez menos en lo debido. Lo cierto es que las autoridades tienen muy en cuenta la reacción ciudadana en términos de apoyo político, sea para representarla republicanamente o para controlarla monárquicamente, y definen en función de tal cuestión de poder. La conducta ciudadana incide, entonces, en tales definiciones presupuestarias pues no es común encontrar contemporáneamente gobiernos que se suiciden políticamente.

Pero ni las decisiones gubernamentales ni las opiniones ciudadanas obedecen excluyentemente a meras situaciones económicas que exigen la racionalización de lo disponible, es decir a un cálculo puramente presupuestario. Muy por el contrario tales opciones están explícita o implícitamente atravesadas por una concepción antropológica, es decir por una cosmovisión acerca de qué es el Hombre. Y como mínimo también están fundadas en una concepción política, no siempre conciente, que incluye un conjunto de valores acerca de categorías conceptuales tales como Derechos Humanos y Ciudadanía.

Ahora bien: desde hace tiempo se viene conociendo información oficial, estadísticamente tratada, que da cuenta de los niveles de pobreza en los que está inmersa la población santafesina, particularmente su infancia. Lo que lacera socialmente a casi la mitad de la ciudad desde hace años ya ocupa un lugar en los números que se repiten públicamente cada vez con mayor frecuencia. Estos números no solucionan nada por sí mismos pero contribuyen a ampliar la visibilidad social de la situación con lo que aumentan, aunque sea muy modestamente, las posibilidades de que el asunto pase a formar parte de la agenda política real.

Ante una ciudad altamente pauperizada se suele afirmar que Santa Fe retrocede. Tal aserción promueve una pregunta: ¿es que Santa Fe retrocede en el sentido del empobrecimiento generalizado? ¿o es que profundiza sus contradicciones favoreciendo cada vez más a unos que a otros? ¿es real que el Estado no ha volcado recursos a la sociedad en los últimos años? ¿o es que ha tomado decisiones priorizando dimensiones que poco tienen que ver con la exclusión social? En este marco, ¿qué lugar se les dio a los niños pobres?

Para no generar reacciones defensivas que poco aportan a la discusión de ideas, acordemos no polemizar. Usted, lector, no discuta con su otro yo interior sobre si ha convalidado o no la profundización de las contradicciones. Solamente re-flexione.... es decir flexiónese sobre lo sucedido con calma, sin miedo. Vea, analice y juzgue.... Hágalo como si no fuera parte... Si ha logrado tal distancia para consigo mismo, recuerde algunas obras e imagine algunos números... en pesos o en dólares... Recuerde el Puente Colgante y sus nuevas luces, la avenida Alem, la Costanera Este, las Costaneras Oeste (vieja y nueva) con sus mejoras... el acceso Este... algunos paseos...
El listado podría seguir. Esa obras embellecen la ciudad, la modernizan. No hay discusión al respecto. Pero fueron opciones, dinero que se destinó a unas necesidades postergando otras. Esa belleza está y es disfrutada domingo a domingo. No obstante, día a día los niños siguen estando en los semáforos y el pronóstico no es bueno.

No fue solamente la satisfacción de unas necesidades en detrimento de otras. Fue también la opción demasiado prioritaria por las necesidades de un sector social, opción un poquitito no excluyente pero quizás demasiado poquitito. Lo que sucede no es casual sino causal. ¿Puede usted creer que en los barrios de Santa Fe hay niños de varios años de edad que no conocen el centro? Sucede; hay niños que no conocen la peatonal.

Si sigue leyendo, recuerde el inicio de la nota: los recursos económicos son siempre escasos. Su administración supone opciones en función de una idea previa respecto de qué es el Hombre, qué los niños y qué los "menores"; unos, sustantivos y los otros, meros adjetivos; unos, incluidos y otros, socialmente excluidos. Mucho de lo construido era necesario. Mucho obedecía a necesidades materiales y mucho a necesidades inmateriales. Pero asumidos o no los resultados, aquellas opciones están aquí. Constituyen la identidad ciudadana.

Reprimidos, esos resultados gobernarán la realidad sin que nadie los advierta. Asumidos, en cambio, pueden ser superados. Todavía hay tiempo.