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Enron y Mr. Magoo

Por PAUL KRUGMAN
Economista y catedrático. Publicado en Clarín (Bs. As., Argentina, 22 de setiembre de 2002)

En febrero de 2001, Enron presentaba una fachada imponente. Pero desde adentro, algunos tenían mejor información: estaban penando por mantener en pie el esquema de Ponzi (un fraude en "pirámide" en el cual se pagan altas ganancias a los inversores usando los aportes de nuevos inversionistas). Cuando un alto ejecutivo se enteró de que se avecinaban más pérdidas millonarias, respondió con un e-mail elocuente: "Cierren trato por más. Oculten la pérdida hasta el 1Q" (aludiendo a los resultados del primer trimestre).

La estrategia funcionó. Enron fue a la quiebra pero no antes de que personas bien colocadas de la empresa, dotadas de información privilegiada se quedaran con cerca de mil millones de dólares. El autor del lacónico mail vendió 12 millones en acciones poco antes de que ya no valieran nada. Y hoy es el secretario de Ejército.

Dick Cheney niega vehementemente que el hecho de que hoy se hable tanto de guerra en los EE.UU. —a pocas semanas de las elecciones parlamentarias de medio mandato de Bush— tenga como objetivo desviar la atención de otros temas. Pero en ese caso no va a tener inconveniente en que diga que la ola de escándalos en empresas continúa y está llegando muy cerca de su persona.

Un artículo aparecido este lunes en el Wall Street Journal confirmó lo que algunos venimos sosteniendo desde hace tiempo: que la manipulación del mercado por las empresas de energía —probablemente las mismas que redactaron el plan energético de Cheney, aun cuando él no ha respondido a una orden judicial de mostrar los archivos del tema— desempeñó un papel crucial en la crisis eléctrica de California. Y ahora hay nuevas pruebas que señalan al secretario del Ejército, un elegido de Cheney como autor de malas conductas empresarias.

Supuestamente, Cheney eligió a Thomas White por su experiencia empresarial. Pero cuando quedó en evidencia que la división de Enron que él dirigía era un fraude y una máquina de perder dinero, la versión cambió. Nos dijeron que White era un tipo afable que no tenía ni idea de lo que estaba pasando y que sus colegas, a sus espaldas, lo llamaban "Mr Magoo". ¿Hablamos del mismo hombre que va a manejar al ejército en una guerra en dos frentes en el Oriente Medio?

Pero no era ningún Magoo. Jason Leopold, periodista que escribe un libro sobre la crisis en California, consiguió documentos de Enron que muestran que White sabía perfectamente qué estaba por hacer su división. Leopold informó sobre sus descubrimientos en la revista online "Salon" y ha compartido gentilmente conmigo sus pruebas.

El mayor de varios negocios que permitieron a White "ocultar la pérdida" —un negocio en el cual los documentos lo muestran muy comprometido— fue un contrato a 15 años para abastecer de electricidad y gas a la farmacéutica de Indiana Eli Lilly. Las ganancias futuras de ese acuerdo eran totalmente hipotéticas.

El contrato suponía la existencia de un mercado de electricidad desregulado, que de hecho no existía en Indiana. Sin embargo, sin entregar un solo watt —y después de adelantarle efectivo a Lilly y no a la inversa— la división de White asentó de inmediato en los libros ganancias multimillonarias.

¿Era legal? Hay casos en los que las compañías están autorizadas a utilizar un tipo de contabilidad en la que se contabilizan pollitos antes de qué éstos salgan del cascarón, pero por lo general esto exige la existencia de un mercado de huevos no empollados, es decir, un mercado a futuro. No había mercados a futuro en los servicios que Enron prometió proveer. Simplemente se hicieron en el aire números sumamente optimistas, que luego fueron asentados como si fueran ganancias reales. Aún cuando eso era de alguna manera legal, era groseramente poco ético.

Si la gente de afuera de la empresa hubiera conocido la verdadera situación financiera de Enron cuando White mandó ese e-mail, el precio de las acciones se habría desplomado. Al mantener la ilusión de éxito, personas bien informadas de la compañía, como White, pudieron vender sus acciones a buen precio a víctimas ingenuas, gente como sus propios empleados, o los trabajadores del estado de Florida cuyo fondo de jubilaciones invirtió 300 millones de dólares en Enron en los meses finales de la empresa. Tal como lo sintetizó Fortune en una nota reciente sobre los escándalos empresarios: "Usted compró. Ellos vendieron".

Capitalismo amiguista de la peor especie. ¿Qué tipo de administración permitiría a White continuar en su cargo?

Una nota aparecida la semana pasada en The New York Times podría arrojar alguna luz sobre este tema. Se refería a otra empresa, que vendió una división y después declaró que sus empleados habían "renunciado", con lo cual pudo confiscar sus jubilaciones. Pero cuando su CEO renunció, la empresa hizo exactamente lo contrario. Modificó las condiciones de su contrato para que pudiera cobrar todos los beneficios jubilatorios. La compañía sacó 8,5 millones de dólares de las ganancias para reflejar el costo de la bonificación que otorgó al ejecutivo por su alejamiento. Sólo la gente común es engañada.

Esa otra empresa se llama Halliburton. El objeto de su generosidad fue Dick Cheney.

Publicado en The New York Times (y Clarín)