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El gobierno de Kirchner, o la política de las apariencias

Por Sebastián Giménez
Lic. en Trabajo Social
Profesor de Enseñanza Primaria

Néstor Kirchner llegó a la presidencia de la República con un porcentaje de votos parecido al que obtuvo Illia en nuestra historia contemporánea.
Pero indudablemente logró consolidar poder por una gestión de gobierno de apariencia “progresista” y sobre todo porque no contó con la oposición de un exiliado de la envergadura y el talento político que tuvo su antecesor en el general Juan Domingo Perón.

Dos años después de su asunción, el presidente ha recibido sin dudas un espaldarazo importante por las elecciones legislativas ampliamente favorables a su gestión. Constituye un auténtico “milagro argentino”, fomentado por una imagen bastante deformada que tiñen al actual gobierno argentino como “progresista”. También cuenta indudablemente con la ayuda de la demonización de la década del 90 y de la oposición actual, que nos dan a entender que el gobierno K es lo mejor que tenemos (quizás hasta lo sea, pero aún así no es lo que nos merecemos).
Pero nada ayuda más a su popularidad que una campaña de verdaderos slógganes con que machacan los medios de comunicación constantemente, de un tiempo a esta parte. Y que trataremos de analizar a continuación.

“La distribución de los ingresos”.
“Nosotros apreciamos que, en el beneficio total, el patrón o la empresa tienen derecho a la mitad, porque ellos pagan la mano de obra, las materias primas, deben cubrir los gastos de administración y, además, tienen que obtener una ganancia. Eso se cubre perfectamente con el 50% de lo que se produce. El otro 50 le pertenece a los trabajadores”. J. D. Perón, 27/12/1973.

En la actualidad, en nuestro país la población trabajadora recibe tan sólo un poco más del 20% del ingreso. Ninguna medida se ha tomado desde mayo del 2003 que permitan aseverar que se ha avanzado hacia una redistribución en este aspecto. ¿Cómo se redistribuye básicamente? Puede ser con políticas de empleos, y de salarios. La devaluación que pulverizó el salario de la población trabajadora nunca fue compensada, pese a los pequeños aumentos nominales de los salarios. El costo de vida se encareció profundamente para los laburantes. Los economistas “pronostican” para el año 2006 una inflación del 11 o 12 % (para calcularlo ¿habrán tenido en cuenta el aumento del 30% de las carnes en fines del 2005?). Aún así, y considerando al índice como válido ¿alguien en el gobierno anunció que los salarios aumentarán el 11 o 12%? ¿O es que la inflación la pagarán los trabajadores?

Hablábamos de bajos salarios. Un nuevo fenómeno que se está viendo es el de la pobreza con ingresos precarios y en negro. ¿Hizo algo el gobierno al respecto? Noooo... Ah, sí, implementó un plan de blanqueo del “personal doméstico”. Pero este blanqueo puede incluirse como pago a cuenta del impuesto a las ganancias. O sea, el Estado debe ayudar a los “pobres” que tienen dinero para mucama pero no para solventar sus aportes. Otra ironía es que un trabajador que cobra poco más de $2000 debe pagar “impuesto a las ganancias”.

Otra forma de redistribuir el ingreso es implementar un sistema impositivo progresivo. Dicho en criollo, que el gane más, más pague, y el que cobra poco pague menos o no pague. Atónito miro a la sonriente nueva ministro de Economía cómo anunció el récord de recaudación fiscal del 2005. En las cifras que se dieron a conocer, se establece que el IVA, impuesto regresivo si los hay, constituye el 40% de esta recaudación brillante. Un impuesto que pagamos todos los argentinos, sobre todo los pobres.
Porque indudablemente que los empresarios y comerciantes hacen maniobras a veces vergonzosas para esquivarlo (léase las declaraciones juradas que les dan siempre saldos favorables, o las “exenciones impositivas” acordadas a las pretrolíferas, por ejemplo).
Pero la gente común que va a la góndola, lo paga y a otra cosa. 21% sobre el precio final del producto es un peso que tenemos que cargar los argentinos por todos los productos que compramos. El Gobierno ¿anunció que eliminaría el IVA? Ni por asomo. ¿Implementó nuevos impuestos a los que ganan más? Ni en broma. ¿Y la distribución del ingreso, entonces? Un simple sloggan para seguir consumiendo... y que no nos cobren IVA, por favor.

La cancelación con el FMI
Se anunció a los cuatro vientos como poco menos que una medida de “nacionalismo económico” la cancelación de la deuda que el país mantenía con el FMI. No pocos intelectuales consideraron esto como “un giro a la izquierda” del gobierno.
Al asumir su cargo en mayo de 2003, el presidente había prometido: “no pagaremos la deuda sobre el hambre y la sed de los argentinos”. Y resulta que la pagó, una cosa de locos. ¿Quién debía “alegrarse” con el pago al FMI? ¿Los argentinos? ¿Es que acaso hemos recibido una parte de esos 9000 millones de dólares? ¿Qué hambre y qué sed calmaron esos millones sino la de los “chupasangre” de siempre?
Aducen los defensores de la medida, que con esto el país ganó “soberanía”. Pero cabe preguntarse: ¿Ya no están más Repsol, las multinacionales, las cadenas de supermercados, los grupos de ganaderos, la Sociedad Rural, la Bolsa de Valores, se fueron los bancos que vaciaron a la Argentina? Es como estar siendo perseguido por un grupo de diez delincuentes, y alegrarse porque se fue uno. ¿Y los otros?

“Bajó la desocupación”
El Indec dio a conocer un informe publicado en Primera Plana en Clarín, de que la desocupación apenas superaba el 10%. ¡Claro!, en una nota marginal aclaraba que las dos millones de personas que reciben el subsidio de $150 eran “ocupados” para la estadística oficial. Nadie se hizo cargo de sumar la verdadera cantidad entonces de desocupados.
Un párrafo aparte realmente merecen los no pocos que braman contra el subsidio de $150 y exigen una contraprestación por la asignación recibida. ¿Pero qué quieren, que trabajen 8 horas diarias para ser pobres de toda pobreza? Me sorprendo al comprobar que muchas veces estas asignaciones infamantes despiertan una gran resistencia y malestar en numerosa gente, que no observa ni siquiera con la misma indignación (que debería ser mucho mayor) los millones de dólares que las multinacionales giran al exterior.

Esto de la baja de la desocupación es otra cuestión ficticia que quieren inculcar el gobierno y sus medios. ¿Kirchner es justicialista? ¿Qué podría decir el líder de la doctrina que dice profesar ante esto, ante las “trampas” de estos grandes anuncios mediáticos del progreso de la economía?
“Cuando paso por las calles, veo mejor en la cara de los argentinos el estado de la economía que en las estadísticas” supo decir Perón en 1974.
¿Y no seguimos viendo a los argentinos recogiendo cartón, botellas de plástico, papel, o alimentándose de la basura? Ojo, tal vez alguno de ellos reciba el subsidio de $150 y es un “ocupado”.