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NOTA DE OPINION

Una marcha universal

Por Eduardo Galeano
* Publicado en el diario La Jornada, de México, el 10 de marzo de 2001

Año 1914, año 2001: Emiliano Zapata entra en el DF por segunda vez.
Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México.

Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos, y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.
Los que hablan del problema indígena tendrían que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está desplegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos, sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas.

Ante el mamarracho del proyecto de anexión y traición, ante el patético modelo de una Disneylandia de cuarta categoría, crece y crece este movimiento que sigue siendo local, con sus raíces hundidas en la tierra de la que brotó, pero que ya es, también, nacional. Puede cambiar, está cambiando, y en gran medida gracias al levantamiento indígena de Chiapas, este país que es de todos pero pertenece a poquitos y expulsa a sus hijos. Porque está muy bien que el gobierno quiera amparar a los mexicanos que se van, y que mueren al ritmo de uno por día por bala o por sed; pero más importante que el derecho de irse es el derecho de quedarse.

¿Y por qué tiene que meter la nariz un extranjero, vamos a ver, en estos asuntos mexicanos, si ni siquiera tiene un pinche dólar invertido en el petróleo ni en nada? Pues ocurre que este movimiento local, que se volvió nacional, se ha saltado las fronteras hace rato.
Democracia, justicia, dignidad: millones de personas, en todos los países, agradecemos a los zapatistas, y a otros movimientos de los que mueven al mundo, la resurrección de esas banderas en este mundo regido por la rentabilidad, la humillación y la obediencia. Hay cada vez menos democracia en los tiempos de la globalización obligatoria; nunca tantos hemos sido gobernados por tan pocos. Hay cada vez más injusticia en la distribución de los panes y los peces.
Y la dignidad está cada vez más aplastada por la prepotencia del poder universal, hoy por hoy encarnado en ese huésped grosero que ha sido capaz de sentarse en la mesa de su anfitrión para ofrecerle el postre envenenado de un bombardeo a Bagdad.

Nada de lo que en Chiapas ocurre, nada de lo que ocurre en México, nos es ajeno. En la patria de la solidaridad, no hay extranjeros. Somos millones los ciudadanos del mundo que ahí estamos sin estar estando.