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emigración italiana e identidad brasileña: desafíos y oportunidades 1


Por Francesco Lazzari
Universidad de Trieste

Sociólogo

Como recuerda el académico francés Michel Serres2, todo aprendizaje y toda vida consisten en una especie de mestizaje, resultado de articulados encuentros mélange y de cada vez nuevos y sucesivos cruces. Extraño y original, fruto del cruce de los genes paternos, el niño, como por otra parte cualquier otra experiencia de vida, se desarrolla y crece según procesos de nuevos cruces en una suerte de vestido de Arlequín del espíritu. Cualquier encuentro-desencuentro con el otro consiste en y requiere de casarse con la alteridad, la más ajena, para renacer mestizo y para amar al otro que genera en cada hombre una tercera persona, el espíritu. Islas, archipiélagos y continentes que se encuentran, que pueden ir a la deriva, pero que también, y mucho más oportunamente, pueden construir nuevas identidades y nuevas civilizaciones en las cuales la aportación de cada uno, mestizo, se convierte en la participación de todos: en una nueva identidad.

Si se considera la contribución de la emigración italiana a la construcción de la identidad brasileña, se puede decir que dicha contribución se ha caracterizado por un doble fenómeno: una dimensión atractiva ejercida por el país meta y una dimensión expulsiva experimentada en el país de origen. Una mezcla definible como el resultado, por una parte, de las acciones atractivas de inducción, facilitación, provocación y apoyo practicadas por las autoridades, por los agentes de los fazendeiros y por las compañías de navegación brasileñas; y por otra parte de las duras, cotidianas experiencias expulsivas vividas por los braceros, por los completamente desposeídos o por los pequeños propietarios agrícolas sin perspectivas, con los cuales la inserción retardada del joven estado unitario italiano en los procesos europeos, desencadenados por la revolución industrial de finales del siglo XIX, obligaba a hacer las cuentas.

Un proceso que por sus dimensiones puede definirse, sin exageraciones, como bíblico y que ha interesado de manera preponderante a poblaciones europeas e italianas en particular, con características socioprofesionales (en la mayoría de los casos campesinos y artesanos) y culturales (religión católica, al menos en lo que concierne a los italianos) bastante homogéneas entre sí y semejantes a las de la mayor parte de la población lusobrasileña.

Los líderes lusobrasileños, a finales del siglo XIX, caída al menos formalmente la esclavitud, se planteaban el problema de modificar de algún modo la composición física (atenuar el que era considerado el color preponderante de la población, el negro) y cultural (incrementar la ética del trabajo, el respeto a la ley, la capacidad organizativa y la posesión de las técnicas más actualizadas de producción, etcétera) del pueblo brasileño3. Con razón o sin ella y en perspectiva, esto debía basarse en la ciencia eugenética, en la civilización y en la asimilación, más que en una disponibilidad por parte de los recién llegados a dejarse integrar aún conservando algunos aspectos raciales y culturales considerados superiores a los locales4.

Por lo tanto no es una casualidad el que desde el principio la emigración alemana e italiana (de esta última, por voluntad expresa brasileña, sobre todo la de la Italia del norte y la del Triveneto) hayan sido particularmente alentadas, al menos a partir del momento en que el país decidió acudir a la emigración europea.

Los italianos que zarpaban hacia el Brasil estaban ya insertados en un contexto de socialización anticipatoria. Y al mismo tiempo, la sociedad brasileña presentaba suficientes características de apertura en una confluencia de «‘localismo’» y de ‘cosmopolitismo’ dirigida al reforzamiento y al desarrollo del término intermedio de ‘nacionalidad’» en una suerte de «‘estado naciente’ de la identidad» brasileña5.

Puede decirse que se concretó un proceso de integración social netamente distinto de los identificables con la ‘subordinación’, la ‘corporativización’ y la ‘asimilación’ alcanzando en cambio el «modelo ‘idealtípico’ de la coordinación» en el cual está incluida la previsión del «‘pluralismo paritario’»6.

Precisamente un modelo que prevee relaciones tendencialmente simétricas entre los grupos sociales y sus culturas pero que, a diferencia también del modelo de la «corporativización que minimiza la comparación entre las culturas volviéndose rígido en su diferencia y separación» (más allá, obviamente, de los procesos de asimilación y subordinación, «potencia en cambio la confrontación y el intercambio comunicativo»7.

Un modelo que, sin embargo, al favorecer el proceso inmigratorio y las relaciones étnicas, lingüísticas, culturales y sociales entre grupos residentes diferentes, pero provenientes todos de Europa, aunque en momentos históricos diferentes y de varias especificidades socioculturales, casi ha aniquilado el único componente realmente diferente, no europeo: el indígena.

Otro aspecto que caracteriza la inmigración italiana en Brasil (aunque no sea exclusivo) está representado por el papel de la religión y por el desarrollado por la familia, entendida en su totalidad y también como unidad de trabajo. Esta última facilitó indudablemente la integración italiana que, inicialmente y por varios años, era vista con una cierta desconfianza en las valoraciones de los lusobrasileños por ocupar sucesivamente posiciones inclusive netamente superiores a las reservadas durante muchos años a la inmigración alemana.

La religiosidad practicada a nivel familiar fue, en efecto, uno de los factores que facilitó muchísimo la integración italiana en la sociedad lusobrasileña8, tanto más que inclusive recientes investigaciones han confirmado una relevante identidad en la práctica religiosa entre la comunidad italiana y la autóctona, decididamente diferente a la que se encuentra en las comunidades alemanas portadoras en cambio de la religión luterana poco practicada, y aún menos conocida en Brasil hasta antes de su llegada9.

Por otra parte, es interesante notar, como lo ha destacado la citada investigación realizada por el Departamento de Teoría, Historia e Investigación Social y por el Departamento de Sociología e Investigación Social de la Universidad de Trento, en colaboración con las universidades de los estados brasileños de Rio Grande do Sul y de Santa Catarina, que los descendientes de los inmigrados provenientes del Veneto, del Trentino, y del Friuli y parte de la Lombardia han mantenido algunos rasgos socioculturales que caracterizan la mayor parte de las veces a una familia de origen fuerte comprometida en transmitir valores y en educar10.

Aunque no es posible, por falta de espacio, entrar en detalles, se puede observar que en la experiencia de movilidad italiana hacia el Brasil, y más particularmente en la Triveneta, que ha podido sedimentarse, más que en otras partes, por un cierto período en ‘islas’ «enminentemente étnicas, se registra la permanencia de actitudes tradicionales en relación, por ejemplo, con la procreación, con la elección endogámica de la pareja, con la forma de convivencia familiar, pero también con la conservación del bagaje cultural en sentido amplio, desde el propio credo religioso, a la propensión solidaria en las relaciones entre parientes y vecinos, a la configuración urbanística de los asentamientos, a la fidelidad al tipo de cultivos en que tenían mayor experiencia, al apegarse a la propia lengua, etcétera. Por lo tanto la integración en la sociedad brasileña ha sido un fenómeno relativamente gradual y precisamente por esto no del todo disgregador de las diferentes entidades de los sujetos involucrados, quienes más bien, han sabido colocarse como elementos de innovación técnica y cultural»11.

En otras palabras, parece que es posible observar que en los procesos de movilidad social italiana en Brasil, caracterizados por específicos recorridos y modelos de recepción, surgen algunos valores ligados al modelo de familia, a los estilos de vida, al uso de la lengua (que en el caso de los estados meridionales del Brasil, registra la constitución de una nueva Koine lingüística decidamente influenciada por la lengua regional de origen, y en la cual el Veneto parece haber ejercido una particular incidencia general), a una visión solidaria, a la función de la cadena migratoria autoadministrada y a las redes de relaciones e intercambios que unen, aún en su especifidad, a estas colectividades, con las otras numerosas colectividades italianas en el mundo, resaltando de alguna forma su italianidad. Italianidad que, en Brasil como en todas partes en el mundo, materializa el devenir individual con la oferta de mayores posiblidades de realización en el devenir común, basado en una amplia red de relaciones sociales (familiares, de parentesco, comunitarias, regionales, etcétera) capaces de privilegiar y combinar con la máxima flexibilidad diferentes aspectos del localismo, del sistema de parentesco y del funcionamiento comunitario, además de en relación con la pertenencia a una comunidad que valora los orígenes profundamente arraigados tanto en términos emotivo-afectivos como racionales12.

Y la historia social, económica, cultural, artística, política, etcétera, del Brasil, como, por otra parte, de cualquier otro país de emigración italiana, no podrá, ciertamente, ser escrita, sin incluir en ella el aporte generoso y original de los italianos y de sus descendientes -tanto más que el modelo de encuentro entre los lusobrasileños y los italianos de la diáspora, puede decirse que ha sido orientado por el «modelo ‘idealtípico’ de la coordinación» y del «pluralismo paritario» - potenciando la confrontación, el cambio y el intercambio, según un esquema de redes de relaciones tendencialmente simétricas entre grupos y culturas.

Una historia original, porque original y autónoma es su contribución de vida social y comunitaria13. Una historia económica, social y política de enteros países, ciudades y regiones, elaborada y escrita juntos, y dentro de la historia de muchos italianos emigrados, portadores, aunque al interior de un espíritu de fácil y rápida adaptación e inserción en las nuevas realidades, de específicas e inalienables riquezas culturales y axiológicas.

Aunque ya no exista la cohabitación entre familias de emigrados italianos pertenecientes al mismo tronco, esto no significa que la red de relaciones parientales/familiares se haya debilitado. Esto se descubre con claridad incluso en la realidad familiar metropolitana italiana y, en medida aún mayor, como demuestran, entre otras, las investigaciones de la Universidad de Trento14, en algunos contextos brasileños, con particular referencia a los estados de Rio Grande do Sul y de Santa Catarina. Y sigue presente, pero en términos más cercanos a los europeos, también en aquellas realidades sudamericanas fuertemente caracterizadas por estilos de vida y por procesos de urbanización particularmente intensos, como por ejemplo en las metrópolis de São Paulo o Buenos Aires, en las cuales los vínculos con la tradición de la tierra de origen, transmitidos todavía en cierta medida por una visión hasta cierto punto blandamente patriarco-familiar, aún son muy fuertes y ulteriormente reforzados:

1) por la cadena migratoria autoadministrada y por las redes de apoyo y de solidaridad, que han permitido ponerle a los nuevos núcleos poblacionales los mismos nombres de los pueblos de los que los inmigrados han partido (Nova Bassano, Osasco, Nova Veneza15, etcétera);

2) por el apoyo económico profesional suministrado a los miembros para la realización de su proyecto de vida, personal y familiar. Puede considerarse ejemplar, al respecto, el proceso de nueva colonización que muchas familias de origen italiano, emigradas por lo general a finales del siglo pasado desde algunos pueblecitos del Triveneto y del Tirol a los estados de Rio Grande do Sul, de Santa Catarina o de Espirito Santo, ahora están actuando hacia los estados «vírgenes» del Norte y del Noreste brasileño. Familias enteras de gauchos de origen triveneto16 renuevan la peregrinación emigratoria según los modelos dictados por las difíciles realidades encontradas en los lugares de supervivencia, pero también por la cercanía fuerte y profunda al tipo ideal de familia patriarcal triveneta, que todavía se transmiten17;

3) por el mantenimiento y salvaguarda de tradiciones y códigos lingüístico-culturales específicos que contribuyen a caracterizar y a identificar precisamente al grupo como comunidad.

Modelos y valores de los cuales la sociedad brasileña está entreverada y que, en perspectiva, también parecen favorecer con la expansión de estas redes en los diferentes niveles de influencia, la transformación de al menos una parte de estas colectividades en comunidades-puente transversales, capaces de una multitud de pertenencias, de elevados capitales humanos, financieros y de redes con múltiples estratos (relación de varios estratos, que combina relaciones de parentesco, de amistad, de negocios, de interdependencia funcional, basada en complejos equilibrios de compensaciones recíprocas, pero también de relaciones no recíprocas18) que tienen un carácter transnacional19.

Viven «densas redes, atraviesan confines, llevan una doble vida, son bilingües, se mueven fácilmente entre diferentes culturas, frecuentemente mantienen casas en dos países, y persiguen intereses económicos, políticos y culturales que requieren su presencia en ambos»20. Y contribuyen así a insertar el país de adopción en ulteriores redes y circuitos transnacionales. En tal sentido los italianos nacidos en Brasil pueden considerarse, sobre todo en sociedades cada vez más complejas y globalizadas, como adecuadamente ‘dotados’ para habitar, administrar y vivir el cambio y para así transformar vínculos y necesidades en oportunidades para una mejor y más completa expansión humana y profesional21, para sí, para el país de origen y para el de adopción22.

NOTAS

1 Adaptado del texto de la ponencia al seminario «La contribución de la migración italiana a la construcción de la identidad brasileña», X congreso de la Federación internacional de estudios sobre América Latina y el Caribe (Fiealc), «El aporte de Latinoamérica y el Caribe al universo del siglo XXI», Moscú, 25-29 de Junio de 2001.

2 M. Serres, Le tiers-instruit, Ed. François Bourin, Paris, 1991.

3 J.M. da Silva, Paradoxe de la modernité au Brésil, en «Société», 54, 1996.

4 Lo indio y el negro. A. Colbari, Família e trabalho na cultura dos migrantes italianos, ponencia presentada en el seminario «Imigração italiana no Espírito Santo», Vitória, s.f., p.5.

5 G. Pollini, Italiani e tedeschi nel Brasile meridionale: i caratteri principali del fenomeno immigratorio e gli obiettivi dell’indagine, en R. Gubert (ed.), Cultura e sviluppo, FrancoAngeli, Milano, 1995, p.157.

6 Ibidem, p.158.

7 Ibidem, p.159.

8 G. Rosoli, Chiesa ed emigrati italiani in Brasile: 1880-1940, en «Studi Emigrazione», 66, 1982.

9 R. Gubert, Cultura e valori dei discendenti…, en R. Gubert (ed.), Cultura e sviluppo, op. cit.

10 Ibidem.

11 G. Scidà, Mutamenti della struttura familiare in un contesto migratorio, en R. Gubert (ed.), Cultura…, op. cit., p.260.

12 Ibidem.

13 A. Perotti, Les Italiens en France. Un archipel à découvrir, en «Migrants-Formation», 67, 1986.

14 R. Gubert (ed.), Cultura e sviluppo, op. cit.

15 Véanse entre otras:Venice, Rome, Syracuse…

16 M. Maestri (ed.), Nós, os ítalo-gaúchos, Editora da Universidade Ufrgs, Porto Alegre, 1996.

17 Ibidem. Véase especialmente: A. Trento, L’emigrante italiano in Brasile nel secondo dopoguerra (1946-1960), en «Studi Emigrazione», 95, 1989.

18 J.C. Mitchel, The Concept and the Use of Social Network, en J.C. Mitchel (ed.), Social Networks in Urban Situations, University of Manchester Press, Manchester, 1969.

19. G. Scidà, Globalizzazione, mobilità spaziale e comunità transnazionali, en «Sociologia Urbana e Rurale», 58, 1999.

20 A. Portes, Immigration Theory for a New Century: Some Problems and Opportunities, en «International Migration Review», 4, p.812.

21 Véanse entre otros: F. Lazzari, L’altra faccia della cittadinanza. Contributi alla sociologia dei processi migratori, FrancoAngeli, Milano, 1994; Id., Nuove e vecchie migrazioni tra crisi dello stato e diritti partecipativi del cittadino, en «Studi Emigrazione», 109, 1993, pp.63-73.

22 Traducido del italiano por José Luis Bernal.