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El cambio revolucionario que esta madurando necesita de nuestra valentía y coraje

Por Hugo Alberto de Pedro
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Ha pasado más de un mes desde la negociación que, los partidos mayoritarios, hicieron posible que un Presidente ilegítimo se convierta en legalmente consagrado. Como buen conocedor de la política, éste, sabe con correcto criterio que el tiempo le juega a favor y es por eso que no toma decisiones de fondo ante la crisis aunque sí se tomo tiempo para profundizarla.

Estos dueños de la cosa pública, desde hace decenas de años, no comprenden la realidad de un país destruido más allá de sus conveniencias, convenciones, congresos, comités, ateneos, unidades básicas, etc. que únicamente contienen los deseos de poder y necesidades económicas de miles de punteros convertidos en pastores sin rebaño, en momentos que las finanzas no permiten dar lugar a prebendas, arreglos, comisiones, negociados y demás yerbas a las que están acostumbrados se están quedando solos, y eso es muy peligroso para la estabilidad democrática porque pueden ir en busca de "nuevos jefes".

Todos los que acompañan al primer mandatario tienen una probada, y no por ello buena y correcta, experiencia como funcionarios, legisladores y empresarios, debiendo en consecuencia estar brindando soluciones y un rumbo a la patria; pues tienen responsabilidades políticas, morales y patrióticas por haber tenido durante muchos años el honor de conducir y legislar el destino de millones de ciudadanos. Obviamente dichas responsabilidades no las consideran como tales sino que se arrogan la posición de salvadores de todos. Han sido ellos quienes como vicepresidentes, ministros, diputados, senadores, intendentes y demás cargos públicos dilapidaron las esperanzas de un pueblo entero de vivir en la tranquilidad y seguridad que permite el trabajo, la profesión, la jubilación, el estudio, la empresa, etc.

Por otro lado, cientos de parlamentarios atornillados a sus bancas no han tenido la capacidad de generar propuestas que permitan superar nuestras vicisitudes diarias brindando un horizonte de seguridad para el trabajo y los ahorros de millones. Pero si han tenido muy buena disciplina para votar con los oídos y los ojos completamente cerrados a la opinión de la gente, las leyes de los últimos meses que han permitido que la crisis se agrave aún más. Nosotros, los 37 millones somos los que hemos sido atormentados con sus propuestas políticas falsas y mentirosas, somos también los que los vemos encerrados en sus privilegios, despachos y vaya a saber cuantos otros lugares ocultos más, y los que debemos ocuparnos de fijar las prioridades y reglas de cualquier forma, aún en las condiciones más desordenadas.

Esto último no está mal, al contrario, pero debemos tener en claro que no pueden hacerse los distraídos como lo están haciendo, o bien de persistir en esa postura deberían abandonar los sitiales en los que los hemos colocado si aún les queda un poco de dignidad; de esta forma se debería llamar a elecciones libres de todos los cargos públicos. ¿Una utopía? Dependerá del comportamiento que tengamos de aquí para delante porque les será muy difícil, a menos que vuelvan a echar mano a la represión, contener el clamor de todo un pueblo que les pide que se vayan.

Por sus faltas de políticas, ideologías y pensamientos creativos, que no sean los llamados a satisfacer sus necesidades de conservar y aumentar sus "privilegios de clase", han permitido que los mismos de siempre se hayan robado y entregado a un país entero junto con el futuro colectivo que es lo peor. Solamente dos ejemplos bastan para clarificar: 1) La licuación de pasivos de las grandes empresas privadas y las privatizadas. 2) El salvataje que le han dado al sector bancario-financiero que supo en las últimas décadas obtener ganancias siderales. En ambos casos para ellos si existe "El país de las Maravillas", en el cual a través de financiar a los partidos políticos para solventar campañas políticas engañosas, obtienen lo que se les ocurre para incrementar sus ganancias que se llevaron al exterior realizando en los últimos tiempos el vaciamiento de los fondos depositados por los ahorristas quines ahora están desprotegidos totalmente.

En este punto debemos ser muy claros y terminantes al denunciar que sin el consentimiento y la asociación ilícita de "estos políticos" no hubiera sido posible realizar tamaño fraude a todo un pueblo en todos los sentidos que nos podamos imaginar. Son los mismos, "esos políticos", los que han tenido la perversidad de impedir que nuevas generaciones hubieran tenido la oportunidad de ingresar en lo que debería ser la noble y austera vida política de un ciudadano dedicado a la misma.
Pero no fue así simplemente porque fueron "aquellos políticos" los que ingresaron a sus fastuosas mansiones, barrios privados iguales a los del primer mundo, pisos de valor millonario, estancias faraónicas y sus inversiones en el exterior; mientras millones ingresaron en la desocupación, subocupación, miseria, analfabetismo, desnutrición, falta de seguridad social y cobertura médico-asistencial. Sin embargo, creo que esta vez hay todo un pueblo dispuesto a hacerles pagar sus fechorías, no sé de que forma se dará pero así será.
Por lo pronto ya han perdido toda posibilidad de caminar por la calle, salir de compras, a comer afuera de sus casas, llevar a sus hijos a las escuelas, salir de vacaciones, ingresar caminando a sus despachos, etc. porque están dentro de un "corral" inmenso que son las fronteras de nuestro país, y seguramente por cualquier parte del mundo donde vayan serán cuestionados y humillados como le acaba de pasar al canciller argentino en España.
Desgraciadamente la justicia que ellos supieron conseguir no está a la altura de lo que debería ser, pero esto también deberá cambiar muy rápidamente, pues la Corte Suprema de Justicia deberá renunciar o destituida por completo a través de un juicio político serio y no mediático.

Muchos critican y se preocupan por éste estado anárquico de ideas, propuestas, horizontes y rumbos de toda una sociedad y la carencia de un hilo conductor que modere nuestras voluntades y pensamientos; y pretenden cuestionar el estado deliberativo de las asambleas populares, piquetes, cacerolazos, manifestaciones de protestas, reuniones de vecinos y tantas formas como nos podamos imaginar por no tener una propuesta unificada.

Simplemente hay una verdad que se siente con más fuerza minuto a minuto, hora a hora y día a día; y es que no confiaremos en "ellos" NUNCA MÁS simplemente porque a través de casi veinte años de democracia después de una genocida dictadura, han sabido ganarse esta condena, de la sociedad toda, que no habrá pactos, decretos, leyes, per saltum o reformas constitucionales que los libere jamás. La única luz de alerta debe estar puesta en la aparición de cualquier mesiánico trasnochado que capitalice el descontento, ocupe un lugar como líder y subiéndose a las necesidades de millones de oprimidos y necesitados nos lleve por caminos de fracasos, excesos y pérdida de valores que una democracia garantiza.
Nuestra historia es muy rica en estas cuestiones, por lo tanto solamente debemos mantener una memoria activa sobre otros momentos pasados en nuestra vida nacional.

Deberá temblar la perentoria clase política histórica, pues en Argentina NUNCA MÁS alguien podrá ser indiferente, frente a los atropellos del poder político aliado a los grandes grupos económicos y financieros nacionales y extranjeros, de los problemas de otro ciudadano cualquiera sea la condición de éste. Hoy caminan juntos mujeres y hombres pauperizados por el empobrecimiento a los provenientes de sectores acomodados y medios, todos combatiendo a un modelo político, económico y social agonizante y del cual solo se pueden esperar más traiciones, contubernios, pactos y actos de entrega al capital parasitario nacional y extranjero de lo poco o mucho que nos queda a los argentinos.
Simple o extraordinariamente hemos aprendido a rechazar un modelo político que nos viene dado desde el comienzo de nuestra República y que es desgraciadamente no poder deliberar o gobernar si no es a través de nuestros representantes. Aquí está la gran pregunta popular: ¿A quién representan? A los mismos de siempre. La respuesta hoy la conocemos mejor que en muchas otras oportunidades de nuestra historia, porque con el poder en sus manos han hecho retroceder decenas de años a nuestro país.

Es por eso que debemos cambiar una a una todas las reglas que nos llevaron a que abusen de los sitios de poder, se las debemos quitar pues las han utilizado en contra de nuestros propios intereses. No debemos permitirles que se quieran convertir en víctimas los que en realidad han sido victimarios de toda una sociedad por sus acciones u omisiones, por partícipes o cómplices, por corruptos o incapaces. Será entonces sacándoles el poder, revocándoles sus mandatos, exigiéndoles tantas consultas populares como temas de interés nacional existan y llevándolos a la justicia ante la primer sospecha de acciones ilícitas o decisiones que contra el interés popular realicen, donde aparecerá la nueva Argentina.

¿Cuál sería el resultado si obligamos a los poderes ejecutivos y legislativos que sea el pueblo consultado sobre: justicia nacional y provincial, deuda externa, salud, educación, sistema financiero y bancario, política exterior, sistema tributario, distribución del ingreso, presupuesto participativo nacional, provincial y municipal, integración latinoamericana, seguro de desempleo, jubilaciones, representación gremial, obra pública, comercio exterior, alianzas económicas de mercado, sanciones a la corrupción, etc.?

Muy sencillo, porque nosotros lo sabemos: Sería un nuevo país que habremos refundado, o mejor dicho fundado de una vez por todas. Seríamos los protagonistas sin intermediarios de una verdadera revolución social, cultural y económica, estaríamos comprometidos con nuestros hijos por el futuro buscado, nos convertiríamos todos en vanguardia de estos tiempos, estableceríamos una mujer y un hombre nuevo libre y soberano; y conseguiríamos la autodeterminación que nos merecemos por no ser NUNCA MÁS más esclavos de intereses corporativos o extranjeros.

Hoy nuestras banderas deberían ser la desobediencia civil ante cualquier tipo de atropello, resistir cualquier camino que nos lleve al empobrecimiento, exigir la pronta renovación de todos los cargos electivos del país flexibilizando los requisitos de participación de los nuevos movimientos, partidos y referentes populares, luchar sin descanso por nuestros derechos y libertades, protagonizar el cambio del sistema político actual, participación ciudadana en las cuestiones que hacen a nuestro futuro, rebelarnos ante las imposiciones políticas y económicas provenientes de países extranjeros. Palabras más o palabras menos, pensamientos idénticos o similares, ideales compartidos o no contrapuestos son los que alimentan hoy nuestras luchas populares. El triunfo solamente depende de nuestra valentía y coraje para realizar el gran cambio revolucionario que esta madurando dentro de nosotros mismos.

13 de febrero de 2002